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La Ibogaína como una Herramienta Terapéutica Contemporánea #ConferenciaIbogaína


Expertos de todo el mundo se reunirán en la Conferencia Global sobre la Ibogaína, entre los días 14 y 16 de marzo de 2016, en Tepoztlán-Morelos, para discutir sobre la terapia con Ibogaína, la reforma de las políticas de drogas internacionales y, de la sostenibilidad y los usos tradicionales de la plantaTabernanthe Iboga.

Desde la década de los 80, la ibogaína, el principal ingrediente psicoactivo de la planta, se ha usado cada vez mas en los tratamientos de desintoxicación de opiáceos y como tratamiento en los trastornos de la conducta relacionados con el consumo de drogas. Los primeros estudios científicos con ibogaína mostraron resultados prometedores pero poco tiempo después fueron suspendidos a causa de la falta de apoyo financiero y la poca litigación a su favor. El uso de la ibogaína ha crecido de forma constante, desde su uso entre las redes informales de personas usuarias de drogas (peer-to-peer), hasta nuestros días, en que es administrada en hospitales progresistas, centros médicos, retiros y en la practica terapéutica privada bajo el paradigma del uso compasivo o bajo marcos legales experimentales.

El panorama de la investigación y la práctica con ibogaína ha cambiado drásticamente. Sin embargo, la continua promoción de la ibogaína como una “cura para la adicción” ha conllevado una a sobrevaloración de su potencial como “terapia única” mientras que la comprensión contemporánea de la adicción aborda la conducta adictiva a partir de la complejidad de los elementos biológicos, psicológicos y sociales. La Conferencia Global sobre la Ibogaína reunirá voces y ponencias estimulantes desde diversos ámbitos, incluyendo la práctica tradicional, la medicina, la psicología, la reducción del daño y las política de drogas con el fin de avanzar en el uso de la ibogaína en un marco terapéutico integral e integrador.

Para más información: http://www.conferenciaibogaina.org/

Martha también nos falta

Martha murió de una sobredosis de MDMA a los 15 años en el Reino Unido.

Este es un video hecho por sus amigas y amigos después de su muerte.

Este tributo nos recuerda que las personas que usan drogas no cumplen con los estereotipos estigmatizantes que nos han vendido toda la vida.

 

Martha murió debido al prohibicionismo y nos sumamos al dolor de su madre porque las muertes por sobredosis son también resultado de la guerra contra las drogas.

Después de que Martha murió revisé su historial de internet y encontré que ella había estado investigando sobre como consumir drogas con cuidado. He dicho que “Martha se quería drogar, no quería morir”. Todas las madres y los padres preferirían una de esas opciones sobre la otra. Y mientras que nadie quiere que le vendan drogas a sus hijos, si Martha hubiera conseguido drogas legalmente reguladas para adultos, con advertencias de salud e indicaciones sobre dosis, no habría consumido de 5 a 10 veces la dosis segura.

-Anne Marie (madre de Martha)

En esta página pueden encontrar el testimonio completo de Anne Marie y de otras y otros familiares de personas que han perdido la vida por la guerra contra las drogas en el Reino Unido (en inglés).

Y este es el enlace de la página What Martha Did Next donde Anne Marie plasma su lucha por cambiar las políticas de drogas en el Reino Unido después de lo que sucedió a su hija.

 

¿Qué hace tu Delegación en el tema de atención al consumo de sustancias psicoactivas?

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Debido al conflicto bélico desatado por una estrategia de combate al narcotráfico que ha dejado más de 100 mil muertos y más de 20 mil personas desaparecidas, el tema del uso y consumo de sustancias psicoactivas se ha posicionado en el debate público, con un aumento evidente de voces a favor de una política que incluya y reconozca a las personas usuarias como sujeto de derechos y no como un sujeto problema o delincuente.

El Distrito Federal es una de las ciudades con mayor consumo de sustancias psicoactivas del país, por lo que es importante prestar atención a lo que hace el gobierno de la capital en materia de consumo, regulación y atención de personas usuarias de sustancias psicoactivas.

Con la publicación de la Ley para la Atención Integral del Consumo de Sustancias Psicoactivas del Distrito Federal en 2010, se establecieron lineamientos en la atención y tratamiento de las personas usuarias de sustancias por parte de distintos organismos del GDF como el Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA).

Tomando en cuenta que cada Delegación tiene características propias que requieren una política específica de acuerdo con su población y territorio, la legislación las obliga a realizar varias actividades en materia de atención y tratamiento de las personas usuarias de sustancias psicoactivas:

  1. Utilizar el 10% de su presupuesto en comunicación social para realizar campañas de prevención del consumo de sustancias psicoactivas.

  2. Integrar un Consejo Delegacional para la Atención Integral del Consumo de Sustancias, que estaría a cargo de establecer los programas locales al respecto.

  3. Construir una unidad de atención, tratamiento y rehabilitación para el consumo de sustancias psicoactivas en sus respectivos territorios.

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Pero, ¿Qué tanto cumplen con sus obligaciones los gobiernos delegacionales?

¿Conoces los servicios que ofrece tu Delegación para las personas usuarias de sustancias psicoactivas?

¿Sabes cómo se integra y qué temas discute el Consejo para la Atención Integral del Consumo de Sustancias de tu Delegación?

Las y los ciudadanos usuarios de sustancias psicoactivas tienen derecho a acceder de forma voluntaria a servicios públicos eficaces y oportunos de atención y tratamiento prestados por los gobiernos de las Delegaciones, sin embargo, a casi 5 años de la publicación de esta Ley existen dudas sobre su pleno cumplimiento y su efectividad.

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El tema de atención al uso y consumo de sustancias psicoactivas requiere una participación activa de la ciudadanía para garantizar políticas eficaces con un pleno respeto de los derechos humanos de las personas usuarias. Es por ello que la Red de ciudadanxs de Vigila Tu Delegación, en el marco de la iniciativa #JuventudActúaMx 2015 está trabajando en conjunto con CuPIHD, ReverdeSer Colectivo, Espolea A.C., EPSD México y PAS, para dar seguimiento a la política actual de atención al consumo y asegurar que las Delegaciones efectivamente cumplan con sus obligaciones de ofrecer oportunidades y alternativas de atención en el tratamiento del uso y consumo de sustancias psicoactivas, así como actividades en las que todas y todos podamos participar en lograr la política efectiva que queremos.

Espera pronto más información y conoce de qué manera puedes colaborar para lograrlo.

Conoce la iniciativa completa de la Red de ciudadanxs de Vigila Tu Delegación en http://vigilatudelegacion.org.mx

Fuente: http://vigilatudelegacion.org.mx/consumo-sustanciaspsicoactivas/

México: país de tránsito o país de consumo

Por: Lorena Becerra y Mariana Meza

El incremento en el poder adquisitivo de la población a mediados de la década de los 90 convirtió a nuestro país en un mercado interno de consumo de drogas. Esto hizo que los cárteles ya no se dedicaran exclusivamente a asegurar rutas y puntos de cruce en la frontera para traficar drogas a Estados Unidos, sino que empezaran a vender drogas a la población mexicana. Este fue uno de los principales ejes de la narrativa de seguridad de Felipe Calderón. Es decir, México pasó de ser un país de tránsito de droga que provenía de Centroamérica para llegar a Estados Unidos, a un país de consumo. Al operar activamente en el territorio nacional, los grupos criminales diversificaron sus actividades, desde el cobro de derecho de piso y disputas de territorio, hasta el secuestro y la extorsión. Esto resultó en un incremento en la violencia relacionada con el narcotráfico y el crimen organizado.

A primera vista esta explicación tiene lógica y se sustenta en la evidencia empírica ya que, efectivamente, los índices de violencia aumentaron. Sin embargo, los datos oficiales de consumo de drogas ilícitas en nuestro país no respaldan esta teoría dado que reportan niveles de consumo relativamente bajos. Jorge Castañeda y Rubén Aguilar, los principales detractores de la narrativa de Calderón, utilizan la información de consumo de drogas en nuestro país para cuestionar la premisa de la lucha contra el narcotráfico acusando al ex mandatario de una manipulación política de la opinión pública.[1] De acuerdo con estos datos, no tenemos un problema de consumo de drogas en el país por lo que la lucha contra el narcotráfico fue únicamente una estrategia de comunicación para resolver el problema de legitimidad del gobierno de Calderón, quien tomó posesión tras una elección sumamente cerrada.

El principal recurso que utiliza el gobierno para evaluar y medir el consumo de drogas ilegales en el país son las Encuestas Nacionales de Adicciones (ENA). Estas encuestas se han levantado en seis ocasiones. Las primeras tres ediciones (1988,1993 y 1998) contaron con representatividad en localidades urbanas y las últimas tres (2002, 2008 y 2011) son representativas a nivel nacional. A pesar de que la ENA es un buen instrumento para conocer ciertos patrones de consumo y las características de la población consumidora de tabaco, alcohol y sustancias ilícitas, presenta importantes fallas metodológicas y puede ser sujeta de cuestionamientos empíricos importantes.

Retos metodológicos en la medición de adicciones

Medir cualquier actividad ilegal o socialmente indeseable mediante encuestas presenta retos importantes. Los individuos tienen incentivos a mentir cuando se les pregunta si incurren en conductas que son consideradas negativas o reprobables o si tienen valores que no están de acuerdo con lo que es estimado socialmente deseable. Ejemplos de esto son: actitudes machistas, vender el voto, mantener prejuicios raciales, o cometer actividades delictivas. Esto es particularmente notorio cuando a alguien se le aplica un cuestionario cara a cara en donde la persona entrevistada puede considerar que el entrevistador puede juzgarlo por su respuesta.

Un caso emblemático de esta problemática se encuentra en las encuestas de adicciones por lo que éstas tienden a subrepresentar –o reportar a la baja– a los consumidores de sustancias ilegales. La ENA adolece de esta falla metodológica en el diseño del cuestionario, ya que al entrevistado se le pregunta directamente sobre su consumo de sustancias ilegales. El grado de subestimación es casi imposible de conocer. Por ejemplo, en un experimento realizado por Turner, Lessler y Levore, los porcentajes de consumo reportados por los individuos que resolvieron el cuestionario de manera autónoma eran mucho mayores que cuando les preguntaban cara a cara acerca de sus patrones de consumo.[2] Adicionalmente, el caso de los adolescentes (12 a 17) es particularmente problemático en la ENA 2011 ya que se entrevista a los jóvenes una vez que hayan obtenido el permiso de sus padres. Esto representa un factor de intimidación a pesar de que se garantice la confidencialidad de las respuestas.

Diversas disciplinas en el campo de las ciencias sociales han buscado métodos alternativos para evitar el efecto de deseabilidad social en las encuestas que miden temas sensibles.[3] Entre éstos encontramos preguntas indirectas, experimentos de listas y encuestas ciegas, entre otros. Cabe destacar que en los casos en que estas metodologías han sido aplicadas, el fenómeno a medir registra un resultado mayor que cuando se pregunta de manera directa por un entrevistador.

En segundo lugar, el hecho de que la ENA se levante en hogares excluye a una parte importante de la población que consume drogas: individuos en situación de calle, centros de tratamiento y cárceles. Si bien existen mediciones alternativas a la ENA que buscan capturar estos datos, como los reportes y encuestas levantados en Centros de Integración Juvenil y Centros de Tratamiento, éstos son limitados y no profundizan en los patrones de consumo de estas poblaciones.

En tercer lugar, la falta de periodicidad constante de la ENA hace que el análisis y la comparación de los patrones de consumo de drogas y comportamiento de los adictos en la población se vean comprometidos. Es deseable que la fuente oficial de medición de adicciones en el país se levante año con año o, al menos, mantenga una secuencia cronológica preestablecida.

Retos de la evidencia empírica

La ENA 2011 utilizó una muestra total de 14,980 entrevistas divididas en 8 regiones abarcando un total de 2,000 viviendas por región aproximadamente. Los resultados de la ENA 2011 señalan que el consumo de drogas en México es sumamente bajo. De acuerdo a las estimaciones de la ENA, en 2011, únicamente el 1.5% de los individuos entre 12 y 65 años de edad -aproximadamente 1.17 millones de personas- consumieron una droga ilegal en 2010. De igual forma, el seguimiento de la encuesta entre 2002 y 2011 (años comparables porque ya era representativa a nivel nacional), indica cómo si bien el consumo de drogas casi se duplicó, no es un problema grave en la población mexicana.

Tabla consumo drogas

Tendencias del Consumo de Drogas Ilegales en el Último Año, población total de 12 a 65 años
Año 2002 2008 2011
Total 0.8 % 1.4 % 1.5 %
Hombres 1.7 % 2.3 % 2.6 %
Mujeres 0.1 % 0.5 % 0.4 %

Fuente: ENA 2011.

Estos datos pueden ser severamente cuestionados si comparamos los niveles de consumo que arroja la ENA con aquellos reportados en Estados Unidos y Sudamérica. Por ejemplo, de acuerdo a la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés) levantada a nivel nacional en Estados Unidos, se calcula que en 2011 consumieron alguna droga ilegal 22.5 millones de personas mayores de 12 años, lo que equivale al 8.5% de la población.[4] Es importante señalar que la NSDUH utiliza una metodología de encuesta ciega, en donde el entrevistado responde de manera autónoma –sin que el encuestador se entere de la respuesta– las preguntas más sensibles sobre consumo de sustancias ilegales. De igual forma, de acuerdo al Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Colombia, el 3.6% de la población mayor de 12 años consumió alguna sustancia ilícita en 2012.[5] Asimismo, de acuerdo al Informe de Uso de Drogas de las Américas de 2011, el consumo de marihuana en Panamá, en la población entre 12 y 64 años es de 3.6%.[6] Resulta por demás peculiar que el consumo de México sea tan bajo cuando se compara con un país de origen o productor (como Colombia) y con un país de consumo o destino (Estados Unidos), pasando por un país considerado de tránsito (Panamá).

También es difícil encontrar una explicación para justificar que en nuestro país simplemente no consumimos droga, aunque esté al alcance. Un dato adicional es el contraste con el número de hogares que, de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 43% de los hogares afirman tener conocimiento de que en los alrededores de su vivienda se consume droga y 25% ha visto o escuchado que en los alrededores de su vivienda se vende droga.[7] ¿Cómo reconciliamos estas cifras? Ya sea que las personas que responden a la ENVIPE están exagerando o, efectivamente, las mediciones de la ENA están subestimando a la población consumidora de drogas.

¿Por qué importa?

A diferencia de países como Estados Unidos, en México tenemos pocos instrumentos que nos permitan dimensionar la magnitud y valor del mercado de drogas ilegales. Esta laguna en información es de suma gravedad considerando el nivel de violencia generada por el crimen organizado y los cárteles de la droga en nuestro país. Por otro lado, al desconocer el número real de consumidores de sustancias ilícitas, así como su ubicación geográfica y circunstancias sociodemográficas, es muy difícil diseñar programas de prevención y tratamiento de adicciones que sean eficaces.

En los últimos años se han destinado grandes recursos para implementar programas de prevención y atención del consumo de estas sustancias. Tan sólo para 2013 los programas de “Prevención y Atención Contra las Adicciones” gozaron de un presupuesto de 1,253 millones de pesos. Por medio de este financiamiento se sostienen programas como los Centros Nueva Vida, los Centros de Atención Juvenil, campañas de comunicación como “Adicto ¿yo?” del CONADIC. El principal problema es que si no conocemos cuántos individuos efectivamente sufren de un problema de adicción estamos diseñando políticas públicas ciegamente. De igual forma, será muy difícil entender la magnitud de la problemática en términos de cuántos de los jóvenes adictos pueden ser blanco de fácil reclutamiento a las filas del narcotráfico y el crimen organizado. Esto desvirtúa el gran entusiasmo con que Enrique Peña Nieto lanzó el Programa de Prevención y Atención de Adicciones a principio del 2015 si además tomamos en cuenta que no se tienen datos de consumo desde hace poco más de cuatro años.

La lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico ha sido severamente criticada por no contar con un eje de prevención creíble, robusto y eficiente. Las cifras oficiales de consumo de adicciones, como se discute en este texto, padecen de una metodología deficiente para su cálculo y pueden ser fácilmente cuestionadas en un contexto comparado de consumo en otros países. Mientras sigamos sin contar con números sólidos acerca del nivel y patrones de consumo de drogas en el país, así como del perfil de los consumidores, las potenciales conductas delictivas en que puedan incurrir y los canales de adquisición de sustancias, los esfuerzos en política pública permanecerán débiles y poco eficaces, sino es que queden casi en vano.

*Lorena Becerra (@lorena_becerra) es directora de investigación en seguridad y Mariana Meza (@some_bunny) es investigadora de @CIDAC.

 

[1] Rubén Aguilar V. y Jorge G. Castañeda (2009). El narco: la guerra fallida. Editorial Punto de Lectura.

[2] El porcentaje de individuos que afirmaron haber consumido marihuana durante el último año en el cuestionario auto-administrado fue de 8.71%; cuando se preguntaba cara a cara el porcentaje se reduce a 6.68%. Ver: Turner, Lessler, Devore (1992) Survey Measurement of Drug Use.

[3] Ver Nederhof, A. (1985). “Methods of coping with social desirability bias: a review.” European Journal of Social Psychology 15(3): 263-280.

[4] Tendencias Nacionales.

[5] Estudio de consumo.

[6] Uso de drogas en América.

[7] Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2014

Fuente: http://www.animalpolitico.com/blogueros-tanque-pensante/2015/08/05/mexico-pais-de-transito-o-pais-de-consumo/

Fuente de la imagen: http://www.lapoliciaca.com/imagenes/septiembre-2012/4b150-en-mexico-washington-ve-alza-en-trafico-de-drogas.jpg

Consumir sin delinquir

Artículo de Catalina Pérez Correa para la Revista Nexos
Profesora-investigadora de la División de Estudios Jurídicos del CIDE.

Por todas partes se escucha decir que en México no se penaliza el consumo de sustancias ilícitas. Esta afirmación es engañosa, por decir lo menos. Si bien en México “consumir” no es un delito, los consumidores cotidianamente son criminalizados y sancionados por el derecho penal. Empiezo por contar tres casos reales de consumidores criminalizados, omito detalles por razón de espacio y para guardar la identidad de los involucrados.

Caso 1. Cuatro amigos deciden salir a comprar marihuana al municipio contiguo al que viven. Les han dicho que en el sitio al que se dirigen venden producto más barato y de mejor calidad. Compran mil 800 gramos de marihuana que pretenden repartir entre los cuatro. De regreso a su municipio son detenidos e inspeccionados en un retén. Al encontrar la marihuana los cuatro son detenidos y puestos a disposición del ministerio público local donde son acusados por transporte de marihuana, delito que lleva una pena mínima de 10 años y una máxima de 25.

Caso 2. Un hombre de entre 40 y 50 años sufre un episodio de depresión cuando su padre muere y su esposa lo abandona. Uno de los síntomas de su cuadro es tener ataques de ansiedad y pánico. Un amigo le recomienda tomar —y le provee— Rivotril®, un medicamento que contiene Clonazepam, sustancia controlada que puede ser comprada en farmacias con receta médica e indicada para la epilepsia y los ataques de pánico. El hombre es detenido y encontrado con dos pastillas de Clonazepam. Al no tener receta médica que acredite la procedencia del medicamento, es acusado de posesión simple, delito que lleva aparejada una pena mínima de cuatro años y una máxima de siete.

Caso 3. Un hombre joven es detenido y registrado por la policía cuando camina por la calle. Se le encuentran dos cigarrillos de marihuana en uno de los bolsillos. Es arrestado, subido a una patrulla, paseado un rato por la ciudad y puesto a disposición del ministerio público donde se determina que los cigarrillos pesan 4.1 gramos. Se inicia una averiguación previa pero tras nueve horas de arresto es puesto en libertad por estar dentro del rango permitido por la Ley General de Salud.

En los tres casos se trata de consumidores —aun cuando podríamos pensar que la cantidad de los amigos del caso 1 era excesiva para el consumo personal de los involucrados, pido al lector(a) que asuma que eran consumidores (primodelincuentes) y sin fin ulterior al del consumo—. En los tres casos el consumo llevó a los involucrados a cometer un delito “contra la salud” y justificó su detención, procesamiento, y en los primeros dos casos, la imposición de severo castigo penal (con todos los costos sociales y personales que implica). Así, llegamos a una primera conclusión: decir que el consumo de sustancias ilícitas no está penado en México no es lo mismo que decir que los consumidores no son criminalizados y sancionados penalmente en nuestro país.

Entre 2009 y 2013 fueron detenidas, por la PGR a nivel nacional, 140 mil 860 personas por consumo de sustancias ilícitas. En ese mismo lapso fueron iniciadas, también por consumo, 52 mil 74 averiguaciones previas en el sistema federal.1 En 2013 solicitamos información sobre personas detenidas por consumo de sustancias ilícitas a las 32 entidades federativas. Obtuvimos respuesta de 28 estados. De éstos, 16 proporcionaron la información solicitada, mientras que seis proporcionaron información sobre narcomenudeo y otros cuatro respondieron desconocer la información requerida. En los estados que proporcionaron la información solicitada hubo un total de cuatro mil 708 detenidos por consumo entre 2009 y 2012, aunque hay que recordar que el plazo para implementar la reforma en materia de narcomenudeo vencía en 2012 y que varias entidades no aplicaban la ley de narcomenudeo antes de ese año.2

¿Porqué fueron detenidas y procesadas estas personas por una conducta que no es delito? De acuerdo con el derecho actual, la posesión de sustancias ilícitas, para cualquier fin y en cualquier cantidad, es un delito. En casos de posesión para consumo (de algunas sustancias y sólo en determinadas cantidades) la ley establece que el ministerio público no hará una acusación penal frente a un juez por el delito (Ley General de Salud o LGS, artículo 475-II). Sin embargo, en esos casos, la ley ordena la detención del consumidor y la intervención de las instituciones penales. Decir que los consumidores son criminalizados significa que, en casos de posesión para consumo, el aparato penal se pone en marcha y trata a los consumidores como criminales: la policía detiene al consumidor y lo presenta ante el ministerio público, aunque no se sancione penalmente (con cárcel o de otra forma). El joven del caso 3 está en este supuesto: fue arrestado y detenido en la agencia del ministerio público mientras se determinaba su liberación, se inició una averiguación previa y después fue liberado.

La fórmula es extraña y moralmente cuestionable. ¿Cuántas conductas que no son delito permiten —o peor, obligan— la detención y procesamiento de quien las comete? Los casos que vienen a la mente son contados. Un ejemplo es conducir en estado de ebriedad, que en el DF no está tipificado como delito pero sí se ordena el arresto del infractor. Y no sorprende dado el elevado número de personas fallecidas anualmente en accidentes automovilísticos que involucran alcohol. De acuerdo con la Secretaría de Salud, cada hora hay en promedio un muerto y 20 lesionados por accidentes viales en el país. Los accidentes viales son la primera causa de muerte en personas de 5-14 años y la segunda causa de muerte en personas de 15-35 años. Entre 40% y 60% de los accidentes de tránsito mortales están relacionados con el consumo de alcohol (SSA, Conapra). Pero incluso tratándose de una conducta sumamente riesgosa, que puede producir graves daños a la salud y propiedad propia y ajena, no se ordena el arresto penal. La persona no es puesta a disposición de ministerio público, sino de un juez cívico. Los infractores son obligados a permanecer en arresto administrativo —en el famoso “Torito”— que si bien es horrible —me han contado— no es igual a las celdas de una agencia del ministerio público —he visto más de un par—. Nunca se usa al ejército para realizar esas detenciones sino a la policía.

Los consumidores de sustancias ilícitas reciben un trato “especial” por nuestro sistema legal. No son criminales pero son tratados como personas riesgosas que deben ser contenidas y apartadas de la sociedad con toda la fuerza del Estado. Son marcados por su condición y dejados a la discrecionalidad de nuestras instituciones penales.

El problema de la criminalización de los usuarios es agravado aún más por los umbrales de posesión máximas establecidas en la LGS que resultan en la detención, procesamiento y sanción —como narcomenudistas— de consumidores que posean cantidades mayores a las toleradas. En estos casos, a diferencia del supuesto del caso 3, no hay tolerancia. Los consumidores que portan cantidades mayores a las permitidas (como en el caso 1), o que traen cualquier cantidad de las sustancias no contempladas en la tabla de la LGS (caso 2) son detenidos y procesados por posesión en modalidad de narcomenudeo.

Los datos son reveladores. Entre 2009 y 2013 fueron iniciadas 87 mil 746 averiguaciones previas por delito de posesión en el fuero federal (la mayoría con detenido —lo que nos dice que probablemente fueron casos de flagrancia).3 También solicitamos información sobre esto en los estados y encontramos que entre 2009 y 2013 fueron detenidas, por lo menos, 48 mil personas por narcomenudeo (no todos los estados dieron información). De éstas, 11 mil 977 fueron detenciones por posesión simple (ver gráfica) —aunque hay que señalar que de las 25 procuradurías que dieron información sobre posesión sólo 14 aportaron información específica sobre posesión simple, así que la cifra podría ser mayor.

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Los casos de posesión simple nos informan sobre posibles consumidores parecidos a los casos aquí relatados. El delito de posesión simple se acredita cuando “por las circunstancias del hecho tal posesión no pueda considerarse destinada a comercializarlos o suministrarlos, aun gratuitamente”. En otras palabras, en los casos de posesión simple no hay una intención de venta o distribución, ni siquiera de compartir lo que se porta. La simple posesión es el delito meritorio de mínimo cuatro años de cárcel.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA, 2011), la prevalencia anual4 en el consumo, de cualquier droga, de la población encuestada fue de 1.8%. Si la ENA es representativa de la población nacional entre 12 y 65 años, ello significa que alrededor de un millón 200 mil personas habían consumido alguna sustancia ilícita en el transcurso del año anterior al levantamiento. En nuestro sistema legal, sin embargo, toda conducta previa al consumo (poseer, cultivar, suministrar, fabricar, etcétera) es delito. Esto significa, salvo que alguien les haya detenido el churro o la sustancia involucrada mientras consumía, que tenemos más de un millón de delincuentes libres o, visto desde el otro lado, más de un millón de personas usuarias expuestas a la arbitrariedad de nuestras instituciones penales.


1 PGR vía infomex, folios 0001700136313 y 0001700169413.

2 Véase Pérez Correa et al., Consumo y consumidores de drogas ilícitas en México, Cuadernos de Trabajo Programa de Política de Drogas, CIDE, 2014.

3 Vía infomex 0001700157814.

4 Se refiere a personas que han consumido drogas o presentado síntomas o diagnóstico de dependencia en los últimos 12 meses anteriores a la encuesta.

El Reino Unido despenalizó la cannabis en secreto – y es un desastre!!

Por Ian Dunt. Miércoles, 10 de septiembre de 2014

Desde hace algún tiempo, Inglaterra y Gales han tenido un programa de semi-despenalización del cannabis. Y ha terminado por criminalizar más consumidores de cannabis que nunca.
Pero no criminaliza a todos los usuarios de cannabis: se dirige principalmente a la gente que es joven, negra o asiática. Es una historia de iniciativas poco claras del gobierno, incentivos sesgados de la policía, el racismo, las guerras de la droga y la vieja, vieja costumbre de tratar a la gente blanca con más indulgencia que a los demás.
En 2004, cuando el cannabis se convirtió en Clase C, se introdujeron advertencias de cannabis. Dichas advertencias eran leídas por los policías de la calle si te pillaban con una pequeña cantidad de marihuana para uso personal. Cinco años más tarde la droga fue devuelta a la Clase B, pero las advertencias de cannabis se mantuvieron. Esto resultó en discrecionalidad policial en la forma en la que se maneja la posesión de cannabis. El resultado de esta discreción esla focalización desproporcionada de jóvenes negros y asiáticos.

Las advertencias de cannabis son ahora el primer paso en el sistema de ‘escalera’ de opciones disponibles para la policía si te pillan.

Para leer más: http://www.politics.co.uk/blogs/2014/09/10/britain-secretly-decriminalised-cannabis-and-it-was-a-disast