La tragedia de la guerra contra las drogas: de Honduras a New York

Por Ted Lewis

Director del programa de derechos humanos en Global Exchange

Orlando

Foto: Orlando Sierra vía Getty Images

En el mes de junio viajé a Honduras para reunirme con líderes de la sociedad civil, a fin de dialogar sobre la organización de una caravana por 5 países para acabar con la guerra contra las drogas, cruzando desde Centroamérica hasta Nueva York.

El objetivo de la caravana es estimular un debate en lugares que han sido profundamente afectados por la guerra contra las drogas y compartir las historias de personas de esas regiones a lo largo de la ruta hasta Nueva York justo antes de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas (UNGASS), que se realizará el próximo abril.

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Foto: Huffington Post

Desde el inicio supimos que este viaje sería todo un desafío. Honduras ha sido tremendamente afectado por la guerra contra las drogas. Las ganancias abismales disponibles para quienes trafican drogas ilícitas han alimentado el crecimiento de organizaciones criminales, aumentado la violencia y corrupción generalizada e institucionalizado la impunidad que facilita todo esto.

Sin embargo, nos encontramos con una esperanzadora sorpresa en Honduras: el impresionante surgimiento de una poderosa revuelta civil contra el gobierno corrupto, que tomó las calles mientras nos encontrábamos allí y que ha reclamado la renuncia del Presidente desde entonces.

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Foto: Huffington Post

Mientras me preparaba para viajar, leí sobre las alegaciones que acusan al gobierno de estar robando recursos de los fondos del sistema de salud pública y de seguridad social. Esto sonaba bastante mal, pero estaba tan ocupado con los detalles logísticos y de seguridad del viaje por esta región que no logré comprender la magnitud del descontento que estas acusaciones desatarían.

Estábamos planeando un itinerario que incluía San Pedro Sula, que actualmente es una de las ciudades más violentas del mundo. De ahí iríamos a reunirnos con líderes de la comunidad garífuna que quedaba a siete horas (y cientos de kilómetros al este de mi zona de confort), en las tierras sofocantes de la costa caribeña que están dominadas por la mafia.

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Al analizar los sucesos que se han estado llevando a cabo no es sorprendente que el descontento en Honduras ha alcanzado tales proporciones. La pobreza extrema sofoca al país mientras que unos cuantos oligarcas controlan la mayoría de las tierras y riquezas nacionales.

Además, el impacto que han tenido las actividades del ejército estadounidense en la región y el apoyo reciente y encubierto de Hillary Clinton al golpe de Estado militar del 2009 han vigorizado a los enemigos de la democracia en Honduras.

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Militares hondureños siendo entrenados por el ejército de Estados Unidos.

Foto: Huffington Post

Desde ese golpe de Estado se ha presentado violencia causada por pandillas que se suma a la presión económica que ha llevado a miles de familias desesperadas a emigrar o incluso a tener que enviar hacia el norte a sus hijos solos, a pesar del terrible riesgo que ello implica.

Sin embargo, lo que desencadenó el levantamiento pacífico de este verano fue la revelación de los cientos de millones de dólares que fueron robados del sistema de salud pública y utilizados directamente para las campañas políticas del partido dominante. Miles de hondureños han muerto innecesariamente por falta de personal médico y medicamentos. Estos son los hechos detrás de la indignación que ha impulsado a las multitudes a expresar su descontento en las calles.

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Al estar viajando y hablando con líderes de organizaciones alrededor de Honduras presenciamos una oposición profunda a la militarización y corrupción que ha traído la guerra contra las drogas a la vida civil.

Estábamos particularmente interesados en hablar con líderes indígenas y garífunas que han sido abiertamente críticos con respecto a la guerra contra las drogas ya que han tenido confrontaciones con traficantes en sus tierras ancestrales.

Los garífunas son descendientes de esclavos africanos que escaparon y se casaron con indígenas a lo largo de la Costa Atlántica del Caribe en el siglo XVIII. Mientras que ,antes estaban más aislados, ahora han sido sometidos a fuertes presiones por parte de la industria turística y de plantaciones de palma africana.

El año pasado, miembros de una comunidad garífuna en Vallecitoencontraron una pista de aterrizaje construida en su territorio que estaba siendo utilizada para el tráfico de drogas.

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Pista clandestina en Honduras.                                                                                                                                                        Foto: Huffington Post

Miriam Miranda, una de las líderes de la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), ha documentado los sucesos y protestado contra la intrusión. La OFRANEH presionó al gobierno para que se cerrara la pista de aterrizaje y eventualmente el ejército cumplió con la petición e inhabilitó el uso de la pista formando hoyos en la superficie con dinamita.

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Pero este no fue el fin de la historia. Los traficantes regresaron y empezaron a llenar los hoyos con troncos y tierra.

Cuando algunos líderes de la OFRANEH empezaron a documentar la renovación de la pista de aterrizaje fueron capturados por la fuerza por sicarios armados en motocicletas. Fueron liberados unas horas más tarde pero sólo porque otros miembros de su grupo habían logrado evadir a los hombres armados y alertar a los medios de comunicación, dando lugar a una campaña internacional para liberar a sus compañeros.

Un año después del incidente, la OFRANEH mantiene valientemente un campamento en el área para vigilar que los traficantes no regresen.

Mientras las protestas continuaban creciendo este año, la OFRANEH organizó una reunión nacional de liderazgo en el campamento remoto. Nos invitaron a que fuéramos a hablar con ellos para colaborar en poner un alto a la guerra contra las drogas.

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“Mimo”, quien nos guió a Vallecito en su motocicleta, apunta hacia un cocodrilo bebé en uno de los cráteres dinamitados llenos de agua en la pista de aterrizaje. (Foto: Huffington Post)

Estuvimos de acuerdo sobre muchas cosas, como en el hecho de que la guerra contra las drogas es un desastre y de que es hora de romper el tabú para hablar honestamente sobre el impacto que ha tenido en personas, familias, comunidades, países y regiones enteras.

Nos explicaron cómo organizaciones criminales parásitas que crecieron a partir de las ganancias colosales del narcotráfico ahora manejan una diversidad de negocios incluyendo la extorsión y el tráfico de personas. También están involucradas en lavado de dinero a través de inversiones en minas, hoteles, agricultura y otras industrias que son superficialmente legítimas.

Los líderes de la OFRANEH están interesados en promover una discusión internacional que analice cómo asfixiar al mounstruo de la guerra contra las drogas a través de marcos regulatorios realistas que tengan como fin reducir el tráfico ilícito.

En nuestras conversaciones hablamos sobre cómo los derechos humanos, la salud pública y las iniciativas de reducción de daños deben actuar como guías para reformar las políticas de drogas. Sin embargo, hay que clarificar que nadie pensó en ningún momento que acabar con la guerra contra las drogas o desarmar a las poderosas organizaciones criminales sería una tarea fácil. Tampoco será fácil restaurar la democracia en Honduras y frenar los daños causados por el poder de la oligarquía.

Se necesita un debate público y una investigación transparente para exponer las verdades de la guerra contra las drogas: es un error mortal que ha sido sostenido a nivel internacional por décadas y que no puede ser resuelto por ningún país aisladamente. La reforma de políticas de drogas requiere coordinación y cooperación internacional.

Si bien estas reformas no van a resolver todas las profundas tensiones que afectan en Honduras y otros países, es cierto que frenar las ganancias de la maquinaria de la guerra contra las drogas a través de marcos regulatorios para los mercados ilícitos es un paso crítico para reducir la violencia y debilitar las redes de corrupción e impunidad que impiden el desarrollo de la justicia y democracia.

La mañana que me fui de Honduras tomé un taxi de mi hotel en San Pedro Sula al aeropuerto. Estaba de humor para platicar, así que le pregunté al conductor si alguna vez había sentido temor en su trabajo en esta, la ciudad más violenta. Me dijo que sí pero que lo que más le causaba miedo era (señalando a una patrulla) que “no puedes depender de las autoridades para que te ayuden porque muchas están trabajando con los criminales. ¿Conoces de los impuestos de guerra?”, me preguntó.

“Cada negocio en esta ciudad”, me explicó, “tiene que pagar impuestos a las pandillas”.

“Todo mundo paga”, enfatizó.

“No importa si tienes un puesto de sándwiches, una lavandería, un hotel o una agencia de viajes. Tienes que pagar -o morir. En nuestro caso, tenemos 150 miembros dentro de nuestro colectivo de taxis y tenemos que pagar 10,000 lempiras (alrededor de 500 dólares) cada semana”.

“Lo que me da pánico”, continuó, “es que las autoridades están involucradas”.

“Déjame explicarte”, me dijo.

“Cada semana llevamos nuestra ‘contribución’ a la cárcel. No estoy bromeando”, insistió.

“Pero está peor que eso”, me dijo. “Una semana tuvimos problemas juntando nuestro pago a tiempo y llegamos tarde a la cárcel. Los guardias nos dijeron que las horas de visita habían terminado y que no podíamos entrar. Empezamos a inquietarnos porque un pago que llega tarde puede implicar una muerte inmediata. Así que marcamos al celular de nuestro contacto dentro de la cárcel y unos minutos después salieron los guardias a decirnos que podíamos pasar para entregar el ‘impuesto’”.

“Así”-él dijo- “puedes ver quién realmente está dirigiendo el show”.

Aun después de que me dejó en el aeropuerto para tomar mi avión seguía pensando sobre las implicaciones tan terroríficas de lo que me contó. Para las personas que están atrapadas dentro de este remolino criminal, realmente no hay salida.

La lección que se mantiene de los 13 años de prohibición de alcohol en Estados Unidos a principios del siglo XX es que independientemente de nuestra aprobación o no, la gente va a buscar sustancias psicoactivas. Podemos regular el alcohol pero tratar de eliminarlo sólo aumenta el crimen y le da un incentivo a las mafias locales.

A principios de la década de los 30’s, Estados Unidos ratificó una enmienda a la constitución para corregir su error.

Hoy en día, la postura que indica que la guerra contra las drogas es un camino de necios continúa generando mayor consenso a nivel internacional.

La Sesión Especial de las Naciones Unidas del próximo año es una excelente plataforma para profundizar estas conversaciones, aunque sabemos que tomará más tiempo y esfuerzo cambiar las mentes, los corazones y las políticas democráticamente.

Es por esto que vamos a viajar desde Honduras hasta la Ciudad de Nueva York el próximo año. Te invitamos a que nos acompañes, ya sea en persona, en la red o alrededor del mundo.

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Para más información escríbenos a ted@globalexchange.org ocaravana2016@gmail.com

Fuente original: Rompeviento Tv: http://rompeviento.tv/RompevientoTv/?p=3102

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