El tráfico de drogas México-EEUU: El caso de los hermanos Pedro y Margarito Flores

Por Gerardo Reyes@GerardoReyesC
Cuando uno de los mellizos Flores, que se hacía llamar Polo, ingresaba al fino restaurante de carnes The Capital Grille, en pleno centro de Chicago, entre los meseros del lugar corría la voz que había llegado Santa Claus.
“Era como una colmena que caíamos allí”, dijo uno de ellos señalando una mesa situada en un acogedor balconcillo, a la entrada del restaurante.
La colmena de mozos rodeaba la mesa de Pedro Flores, el mellizo, por una razón de pesos: el cliente daba propinas que no bajaban de $100 dólares.
Pagaba $100 dólares a quien saliera a  comprarle cigarrillos, $100 dólares al que le cayera bien. Llegó a darle $400 dólares al chef por prepararle un ceviche de langosta que no estaba en el menú, $200 dólares al encargado de la mesa, $100 dólares al que servía el agua. Y así, una vez a la semana, el generoso cliente cambiaba el semblante de los trabajadores del lugar que no querían saber de dónde sacaba el dinero.
Especial digital: El Chapo Guzmán, el eterno fugitivo

Video inédito del operativo que concluyó con el arresto de Joaquín Guzmán.

La verdad es que sí lo sospechaban. En esa época, hace unos 10 años, Pedro era uno de los enlaces de los carteles de la droga de México en la ciudad que él y su hermano, Margarito, convertirían en el mayor centro de distribución de drogas de Estados Unidos.
Así que los $12,000 dólares que sacaron de un maletín para pagar la  recepción privada que organizaron en honor a su padre en el mismo restaurante, no era mayor sacrificio. Esa noche le pidieron a su papá que escogiera un Jeep de un catálogo para enviárselo a México junto con una cuatrimoto.
“No venían en carros lujosos, ni tenían mucha joyería en el cuerpo, eran común y corriente, güeros, así, chaparritos”, explicó uno de los meseros.
Margarito y Pedro Flores, de 33 años, comenzaron sus actividades en el narcotráfico alrededor de 1998. Nacieron en Chicago. Vivieron en los barrios de pandillas y expendio de drogas de Chicago como “Little Village” o la “Villita” y “Pilsen”. Su eficaz red de distribución y cobro, pero sobre todo la capacidad de expansión, les granjeó el respeto de los carteles mexicanos de Sinaloa y el clan de los Beltrán Leyva.
En sus mejores épocas, relató Margarito, llegaron a distribuir en Chicago entre 1,500 y 2,000 kilos de cocaína al mes. La mercancía ingresaba a la ciudad en los compartimentos secretos del techo de trailers, el mismo escondite que era usado luego para llevar de regreso a México el dinero producto de las ventas.

Por este sistema de túneles escapó el temido capo.

Los Flores, quienes vivían en Chicago, se mudaron a vivir a México en 2003 huyendo de un encausamiento criminal en Wisconsin por tráfico de cocaína, según explicó a Univision el abogado de Chicago Joseph López.
La acusación los vinculaba a operaciones de tráfico de drogas desde que tenían 20 años. Según los documentos judiciales obtenidos por Univision, las autoridades federales les confiscaron entonces cinco propiedades en el estado de Illinois (tres en Chicago, una en Oak Forest y otra Romeoville) que habían adquirido usando como testaferros a una novia, un bisabuelo y amigos.
Para la transacción de la propiedad en Romeoville, Pedro solicitó una hipoteca aportando como prueba falsa de ingreso un sueldo de $6,000 dólares mensuales como propietario de las peluquerías Millenium Cuts, afirma la acusación.
Los hermanos dejaron intacta su organización en Chicago y desde México continuaron en el negocio hasta consolidar los tres anillos que hacían posible su funcionamiento:
   – El cartel proveedor en México de cocaína, heroína y marihuana.
   – La organización de los hermanos en Chicago, una planta de personal que trabajaba a sueldo y era responsable de la distribución y venta de la droga y la recolección del dinero.
   – Los distribuidores mayoristas en Estados Unidos que llegaron a ser 30 y estaban situados en ocho ciudades importantes del país: Chicago; New York; Washington, D.C.; Filadelfia; Cincinnati; Columbus; Detroit; y Los Ángeles. También tenía un mayorista en Vancouver, Canadá.

Noticias Univision obtuvo un video que muestra lo que paso el día del arresto de el Chapo Guzmán.

Pese a su juventud, la responsabilidad de los mellizos no se limitaba a la venta y distribución de la droga, sino que además se encargaban de recibir dinero producto de la venta, almacenarlo en caletas alrededor del área de Chicago, empacarlo y enviarlo a México con una detallada contabilidad.
En lugar de delegar sus funciones en subalternos, los hermanos participaban directamente en los eslabones más importantes de la cadena. Así lo explicó un testigo interrogado por la DEA en septiembre de 2010 que fue citado por los hermanos para prestar un trabajo temporal en una de las casas donde se guardaba el efectivo en Maryland.
Los hermanos lo llevaron a un parqueadero de IKEA donde dos hombres de la raza negra les entregaron las llaves de un Chevrolet negro en cuyo portamaletas había entre $1.7 a $2.5 millones de dólares. Era el primer pago de una deuda por venta de drogas que ascendía a $10 millones de dólares. Como los Flores no tenían donde guardar tanto dinero, la mayoría en billetes de $20, suspendieron la recaudación y regresaron a Chicago para volver tres semanas después. Esta vez el efectivo fue puesto en una camioneta que manejó de regreso a Chicago uno de los miembros de la organización de los mellizos.
En las caletas o sótanos de casas compradas por la organización a través de testaferros, el dinero era empacado al vacío, listo para ser enviado a México a través de intermediario o correos que también estaban bajo el mando de los Flores, agregó el testigo.
Los Flores estaban obligados a llevar una contabilidad de la operación y respondían por la compra de armas cortas y largas para el personal de su organización que guardaban en bodegas adaptadas de Plainfield, Illinois.
La cumbre con Guzmán
Los mellizos conocieron en Guadalajara a Alfredo Vásquez Hernández, un ex lugarteniente de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Fue por el año 2005. Pedro se lo presentó a Margarito en un hospital de esa ciudad donde Vásquez se recuperaba de una cirugía plástica. El abogado de Vásquez sostuvo que su cliente buscó a los hermanos para venderles su casa de Guadalajara luego de que se enteró que tenían bastante dinero y buscaban inversiones en bienes raíces.
“Aunque no llegaron a un acuerdo sobre la compra de la casa, siguieron de amigos y tenían contacto a lo largo de los años”, anotó el abogado de Vásquez, Paul Brayman.
Ante una crisis económica difícil, Vásquez invitó a los Flores a invertir en un proyecto de viviendas que planeaba construir en un terreno de su propiedad. Vásquez sabía que los mellizos eran narcos, pero no participaba en el negocio, aseguró Brayman.
Los Flores afirman que después de varios encuentros entendieron que Vásquez era el camino para llegar a “El Chapo” Guzmán. Se preciaba de ser amigo de infancia del capo y haber sido padrino de uno de sus hijos, y en el campo de los negocios afirmaba que había colaborado con “El Chapo” en el transporte de cocaína en aviones y sumergibles desde Colombia a México. También alardeó de haber ayudado en el envío de la mercancía por tren de carga y de su papel de intermediario para el pago de los suplidores de droga de Guzmán y de los compradores en Estados Unidos.
Hasta ese momento los Flores recibían droga del Cartel de Sinaloa, pero de miembros de nivel medio y bajo. Finalmente, en mayo de 2005, los hermanos conocieron a los duros del Cartel: “El Chapo”, Ismael “El Mayo” Zambada, su hijo Vicente y Tomás Arévalo Rentería.
La primera reunión se realizó en Culiacán con el hijo de Zambada. De entrada discutieron una deuda que los mellizos tenían pendiente con algunos miembros del cartel. Los hermanos se comprometieron a pagarla. Posteriormente fueron llevados en una avioneta a uno de los campamentos de Guzmán y allí el narcotraficante se acogió a los términos del acuerdo al que habían llegado con los Zambada.
“La reunión marcó la primera interacción de los hermanos Flores con el liderazgo del cartel”, anota un documento de la corte.
El acuerdo se centraba en dos puntos: entrega de droga a crédito y responsabilidad de su pago en caso de pérdida. Considerando la exitosa carrera de los Flores, los sinaloenses aceptaron que podrían pagar después de la venta de la mercancía. En cuanto a la pérdida de drogas por robo o confiscación de las autoridades, se llegó a un arreglo mediante el cual el cartel respondería hasta un punto previamente acordado, y los Flores a partir de ese punto hasta que fuese vendida. Los jefes del cartel serían responsables de cruzar la droga por la frontera con Estados Unidos.
“La localidad que se usaba para determinar quién sería responsable de la cocaína (en caso de ser confiscada o robada) también era usada para determinar el precio”, explicó Margarito. En esa época un kilo de cocaína en Guadalajara tenía un precio al por mayor de $18 mil dólares, y el mismo kilo se vendía en Chicago en $30 mil dólares.
Frente a esta nueva etapa del negocio, y previendo las cantidades que recibirían de droga, los hermanos Flores no tenían duda de que el mejor socio sería Vásquez, especialmente por su experiencia en el mundo ferroviario. Previamente Vásquez les había comentado que había usado trenes de carga para transportar drogas.
Los Flores llegaron a un acuerdo con Vásquez para establecer una serie de compañías que les permitiera mover la cocaína más fácil a lo largo y ancho de Estados Unidos. El plan consistía en “montar una empresa importadora que sería legítima, y de hecho importaría y vendería mercancías, sin embargo el propósito real era que sirviera de fachada para transportar cocaína en ferrocarril”, explicó Margarito.
Con un capital semilla de $600 mil dólares del bolsillo de los hermanos, Vásquez estableció una empresa importadora de muebles en California. Margarito y Pedro acordaron pagarle $1,000 dólares por cada kilo de cocaína movilizado en tren. Vásquez contrató a tres hermanos para cargar los trenes con la droga que salía de Los Ángeles a Chicago. La mercancía era escondida en las paredes de los vagones. La empresa alcanzó a despachar 276 kilos.
La esposa de Vásquez ayudaba en el transporte del dinero producto de la venta de drogas desde Estados Unidos a México cobrando de un 3% a un 7% según la urgencia con la que el cartel requería el efectivo y la cantidad. La línea del transporte de dinero movía de $100 mil a varios millones de dólares. Si el monto era muy alto preferían usar aviones privados.
La caída
Por motivos que no han salido a la luz en los documentos judiciales, a mediados de 2008 los hermanos Flores regresaron a Estados Unidos para arreglar sus problemas con la justicia. Un documento de la corte de distrito Este de Wisconsin muestra que Margarito se presentó en julio de 2009 con su abogado y se declaró culpable. Ambos empezaron a cooperar con las autoridades y para tal fin continuaron normalmente en el negocio, siempre con la mira puesta en los cabecillas del Cartel de Sinaloa.
Esa meta la alcanzaron en octubre de 2008 cuando finalmente lograron reunirse con Guzmán, Ismael El Mayo Zambada y su hijo Vicente. Pero en esta oportunidad los capos de Sinaloa no querían hablar de droga sino de venganza. Estaban furiosos por la extradición de Jesús Zambada García, hermano de “El Mayo”. Mayo. Jesús había sido arrestado el 20 de octubre.
En un momento Ismael dijo: “Sería bueno enviarle un mensaje a los gringos. Lo que hagamos lo tenemos que hacer en el territorio de otro, en el humo (referencia a Ciudad México que en ese momento estaba bajo el control de los Beltrán Leyva).
Enseguida Guzmán propuso como blanco del ataque un edificio del gobierno. “Una embajada o un consulado, un medio de comunicación o una estación de televisión”, precisó Guzmán. Zambada le pidió a Margarito que comprara bazukas y otras armas de largo alcance, así como granadas para hacer los atentados.
Los mellizos andaban armados de grabadoras siempre al acecho. El 3 de noviembre las pusieron a funcionar con motivo de una celebración en su casa de Guadalajara a la que asistió Vásquez. Fue allí donde quedó plasmada la conversación en la que el nuevo socio relató sus aventuras de la utilización de los aviones Jumbo 747 con ayuda humanitaria y los cargamentos de cocaína del Chapo que salían de Colombia en sumergibles. La grabación es confusa y de baja calidad, alega Brayman, el abogado de Vásquez. Según lo refleja la transcripción, disponible sólo en la traducción al inglés, hay varias personas hablando simultáneamente.
A Vásquez se le atribuyen comentarios sobre las maravillas de un automóvil Porsche GT que posee el baterista de la agrupación musical Maná en Guadalajara. Luego agrega otras marcas de su preferencia.
Aparentemente Vásquez es un gomoso de los automóviles. En una carta que su hijo envió al juez pidiendo clemencia en el fallo que lo envió a prisión, afirma que su padre, quien tenía 15 años cuando él nació, trabajaba en un taller de latonería para automóviles en Los Ángeles para sostener a la familia. Luego se convirtió en un pintor artístico de automóviles que fue entrevistado en varias publicaciones.
En un punto de la conversación grabada Vásquez, le comenta a uno de los mellizos identificado como Informante 1: “Envía un 747”
   – Informante 1: Pero es un avión personal o un avión [ininteligible]
   – Vásquez: De carga, grande
   – Informante 1: 747?
   – Vásquez: No tiene sillas ni nada, productos de Bogotá
   – Informante 1: ¿Pero eso es para llevar el dinero y pagarle a todo el mundo, correcto?
   – Vásquez: Si, de hecho yo lo usé hace dos años
   – Informante 1: Pero allá abajo, ¿el avión?
   – Vásquez: Nada, la gente, la gente, el material
Los Flores continuaron grabando y después de varios intentos lograron poner al teléfono al propio “El Chapo” Guzmán el 15 de noviembre. Según la transcripción de la conversación, Pedro saluda a Guzmán, y después de una breve conversación trivial, le pregunta si le puede rebajar $5 mil dólares en el precio de un cargamento de heroína de 20 kilos que había recibido de él. Guzmán acepta y dice que al día siguiente va a enviar a alguien a recoger el dinero.
Pedro promete pagarle un adelanto de $400 mil dólares. Guzmán le pasa el teléfono a uno de sus asistentes para que tome los datos de la entrega del dinero y al tomar de nuevo la llamada, Pedro le dice a Guzmán que se le está acabando la droga. Solo le quedan tres kilos. Guzmán no puede ocultar su emoción.
   – Chapo: Chinga de tu madre, yo pensé que tu salías de a poquitos
   – Pedro: La verdad es que salió chingón de buena, para que le voy a mentir
Guzmán le pregunta cuánta heroína puede recibir al mes y él responde que unos cuarenta kilos, y para inflar el ego de Guzmán le dice que su droga es de mejor calidad que la de Zambada.
No está muy claro porqué los hermanos Flores debieron salir de urgencia de México por órdenes de la DEA el 30 de noviembre de 2008. Los Flores estaban en Guadalajara. Ellos y la familia abandonaron la ciudad en siete vehículos no sin antes repartirse unos $50,000 dólares en efectivo que sacaron de la casa en donde vivían. Los hermanos se dirigieron a la frontera desde donde llamaron a los agentes de la DEA que los ayudaron a ingresar a Estados Unidos.
De acuerdo con el testimonio de una mujer no identificada, los hermanos Flores ocultaron dinero a la DEA aún después de haberse entregado. La mujer relató que parte de ese dinero estaba escondido en un compartimento secreto de un teatro casero en el sótano de una de las residencias de la organización.
Al declararse culpables, Pedro y Margarito entregaron al gobierno de Estados Unidos $3.5 millones de dólares de una cuenta bancaria no identificada más propiedades.
Su credibilidad ha sido varias veces cuestionada por el abogado de Vásquez. “A los hermanos no les podría importar más poco su obligación de decir la verdad. Cuando ellos ven una oportunidad de beneficiarse, la toman, sin importar su ilegalidad o inmoralidad”, escribió Brayman.
Vásquez fue condenado a 22 años de prisión a finales del año pasado por el juez Rubén Castillo de la Corte Federal de Chicago. “Estamos cansados”, dijo Castillo, “cansados del narcotráfico que continúa haciéndole daño a esta ciudad”.
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