Una cura milagrosa en el lado equivocado de la ley

Por Juncia Avilés

Con un panel internacional dio inicio el seminario Cannabis medicinal en México, organizado para fomentar el debate sobre el uso de la marihuana en el sector médico canadiense y norteamericano, así como su posible implementación en nuestro país. Esta línea, que ya ha sido presentada tanto en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) como en el Senado de la República, impulsó a estudiantes de la UNAM a realizar el evento, que recibió apoyo de congresistas locales y federales, así como de la Canadian Drug Policy Coalition (CDPC) y diversas ONG: el Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (CuPHHD), la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), Espolea, México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) y Reverdeser Colectivo.
Una de las organizadoras, Amaya Ordorika, comentó a la Gaceta Políticas que se buscó realizar el seminario en la Facultad por el convencimiento de que el tema no sólo debe discutirse entre doctores y desde un punto de vista médico, sino también poniendo atención en las políticas públicas y en la escena social en donde éstas se desarrollarán.
Al inaugurar la sesión, Vidal Llerenas, diputado de la ALDF, señaló que es momento de “revisar riesgos y tomar decisiones de políticas públicas a nivel legislativo, espacio en el que se ha dado poca discusión sobre los beneficios del uso de la marihuana en diversos tipos de terapias médicas”. La intención, explicó, es iniciar un debate que pueda sostenerse con base en evidencia empírica obtenida investigadores destacados internacionalmente sobre los beneficios de los distintos tratamientos con cannabis.
Esto fue complementado por Donald McPherson, director de la CDCP, quien fungió como moderador de la mesa y subrayó que el coloquio es “una verdadera oportunidad para compartir información sobre prácticas, programas e investigaciones emergentes en Canadá y EU. Si bien el cuidado puede ser realmente diferente con respecto a dichos países, trabajar con ONG permite pensar en la creación a futuro de un esfuerzo de mayor alcance, global”.
Para Alan Shackleford, de la Universidad de Colorado, EU, los tratamientos con cannabis medicinal “tienen el potencial de cambiar al mundo”. Ejemplo de ello es el caso de una de sus pacientes, una niña llamada Charlotte, quien sufre el síndrome de Dravet. Éste le provocaba, al momento de iniciar la terapia, un promedio de 300 ataques epilépticos a la semana, es decir, cuatro por hora, uno cada 15 minutos. La infante no podía caminar, comer, dormir, había tenido dos infartos. El doctor propuso el tratamiento con cannabis cuando nada más parecía funcionar, y tomando como consideración que ésta droga es antinflamatoria, antioxidante, estabilizadora y reduce el dolor. Actualmente la paciente tiene un ataque epiléptico al mes. En la misma proporción se encuentran otros 10 casos pediátricos, en donde reporta una  significativa reducción de convulsiones del 85%.
Shackleford procedió a explicar que de las tres variables conocidas de cannabis, que son similares pese a que producen 400 diferentes compuestos, se tienen registros de uso desde hace 5,000 años en diversas culturas ancestrales, entre ellas China, Egipto e India. En ellos se indica que la marihuana se empleó para tratar la malaria, dispepsia, insomnio, dolor, disentería y gonorrea. Pero además su uso en el ámbito médico no quedó relegado al mundo antiguo: en el siglo XIX el británico William Brooke O’Shaughnessy comenzó a utilizar la cannabis indica en su práctica médica. Desde ese momento y hasta 1924, más de 200 compuestos de la marihuana fueron utilizados de forma común en prácticas occidentales: “los médicos la prescribían de forma común para muchos más tratamientos de los que se usan hoy en día”.
El contexto, apuntó Shackleford, es fundamental para entender que no fue sino hasta la campaña moralista de los años 30 en EU que no se prohibió su venta, de la misma manera que el alcohol y otros inhibidores. La diferencia está en que, mientras las bebidas alcohólicas estuvieron prohibidas durante una década, la marihuana se mantuvo ilegal hasta nuestros días. Esto detuvo un importante proceso de estudio sobre los efectos medicinales de la droga, en el que “todos nos hemos visto afectados, ya que no se trata de una planta mágica recién descubierta, sino un conocimiento de 5,000 años, prohibido sin razón y por motivos morales”.
Para reincorporarla a la medicina tradicional, subrayó, se ha tenido que demostrar que su uso no provoca la muerte de células cerebrales, ni causa esterilidad, defectos de nacimiento o esquizofrenia. No obstante, y aunque la marihuana se utiliza ahora para tratar –parte o todos los síntomas de– enfermedades como el Alzheimer, demencia, esclerosis múltiple y lateral, hepatitis, VIH/SIDA, cáncer y epilepsia, su uso aceptado se concentra en el tratamiento de dolor agudo o crónico, que afecta al 60% de los norteamericanos y al menos al 25% de la población mundial. En contraste con las más de 38,000 muertes provocadas por el uso y abuso de drogas contra el dolor en 2010, añadió, no hay ninguna muerte demostrada por abuso de cannabis “y por eso se considera la sustancia terapéutica más segura para tratar el dolor. México debe y tiene que aprovechar este conocimiento para establecer una política pública de salud que beneficie a sus 120 millones de habitantes”.

En esa línea, Mark Ware, de la Universidad de McGill, señaló que la actual utilización de la marihuana en la medicina ha sido un proceso en gran medida fomentado por los pacientes que la necesitan. En su opinión, el problema para la investigación de sus propiedades medicinales está claramente vinculado a su estatus legal, así como a los estigmas que conlleva el problema lateral de la drogadicción: “al ser una sustancia que ha sido estigmatizada por su uso recreacional y su etiqueta como droga ilegal, toda la información que tenemos ha tenido que ser obtenida a su vez, en cierto sentido, de forma ilegal”.
Aunque el potencial de abuso es considerado bajo y puede atacar varios síntomas a la vez, apuntó, hay muy poca educación en las carreras de medicina referidas a esta droga: “los doctores no saben cómo dosificarla porque no conocen su peso, su duración, su fuerza”. El uso controlado, recordó al público, ha terminado siendo referido como un tratamiento en su mayoría propuesto por los propios pacientes para mitigar el dolor.
Procedió entonces a enlistar los beneficios y problemas del actual uso de cannabinoides en Canadá para el tratamiento del dolor y la náusea en distintas enfermedades. Por una parte, señaló, hay que considerar que no es una droga de fácil acceso, entre otras cosas por su alto costo, su nula estandarización de calidad, estigma, y general tendencia a elegir como opción terapéutica cuando ya no hay otras opciones. La estandarización resulta complicada, también, porque no existen guías de utilización ni reglas respecto a la duración de los tratamientos, la forma de administración o el tamaño de las dosis: todo varía con cada paciente.

El modelo de prescripción que se ha establecido en Canadá, describió, ha buscado normalizar el uso generando una documentación médica legal, un directorio de productores a los que se les requiere una licencia, y el envío directo a los pacientes de la medicina: “es posible establecer un sistema médico responsable para el uso medicinal de la marihuana, pero requiere introducirlo en la educación básica de medicina, solucionar problemas de investigación que incluyan monitoreo y pruebas médicas industriales, y evitar formas “alternativas” de obtención del activo; sobre todo, se tienen que establecer estándares altos de control de calidad y políticas basadas en los conocimientos científicos, no en los estigmas”. De ahí la importancia de la colaboración internacional en educación e investigación.
Lynda Balneaves, de la Universidad de Toronto, Canadá, cerró la sesión compartiendo sus observaciones como directora del departamento oncológico de dicha academia. Su estudio, que emplea entrevistas a pacientes para comprender el universo de uso, problemas de acceso y barreras sistémicas, busca generar conciencia en la academia sobre los beneficios del tratamiento con marihuana. Agregó que éstos claramente superan los riesgos, por lo que es urgente generar una política en favor del tratamiento y que elimine el estigma: “mientras se siga poniendo a la medicina en el lado equivocado de la ley, se seguirá requiriendo tratar el tema como un asunto de derechos humanos”, concluyó.

FUENTE: http://gacetapoliticas.blogspot.mx/2014/09/una-cura-milagrosa-en-el-lado.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s